Por Raquel Capel · Dietista-Nutricionista y Entrenadora Personal (Col. MAD00574)
Atendiendo a la guía de consenso sobre lipedema de la Sociedad Alemana de Flebología (Reich-Schupke et al., 2017), con marcos de consenso internacionales que se han seguido actualizando desde entonces, podemos definir esta patología como una alteración o trastorno crónico de la distribución del tejido graso que afecta casi exclusivamente a las mujeres e involucra fundamentalmente los miembros inferiores. Si te han hablado de lipedema o sospechas que puedes tenerlo, en este artículo te explicamos sus síntomas, cómo se diagnostica y qué papel juegan la nutrición y el estilo de vida en su abordaje.
¿Qué es el lipedema?
Se trata de una afección prevalente en mujeres, de carácter crónico, que cursa con una inflamación muy característica en los miembros inferiores, una gran predisposición a la formación de hematomas de forma espontánea y dolor. Se considera una patología del tejido graso y, a día de hoy, no está claro si debe considerarse una enfermedad o una alteración meramente estética.
Una característica distintiva es que la persona puede estar delgada en el tronco superior y, sin embargo, presentar esta acumulación de grasa de forma simétrica en los miembros inferiores.
Dado que se trata de una afección relativamente moderna, aún no disponemos de datos concluyentes sobre su prevalencia, etiología o fisiopatología, y su protocolo diagnóstico tampoco está consensuado. Su reconocimiento formal como entidad diagnóstica específica varía todavía según el país y el sistema de clasificación utilizado, lo que contribuye a que muchos casos pasen desapercibidos. Es muy habitual que se confunda con obesidad, celulitis, linfedema (disfunción del sistema linfático) o diversas patologías vasculares.
Síntomas principales del lipedema
Las personas que lo padecen suelen experimentar dolor o hipersensibilidad al palpar los miembros inferiores, acompañado de una sensación muy marcada de pesadez que aumenta al permanecer mucho tiempo de pie, con el calor excesivo o tras periodos prolongados sentada, como en un viaje con poco espacio para moverse.
Otra característica a destacar es que el tejido adiposo propio del lipedema tiende a resistirse a las estrategias convencionales de pérdida de peso: no suele experimentarse una reducción relevante del volumen de los miembros inferiores solo con dieta y ejercicio generales, ni con otros tratamientos enfocados a mejorar el edema o la inflamación. Dicho esto, la evidencia disponible —todavía limitada— sugiere que enfoques dietéticos específicos (como las pautas bajas en carbohidratos) y el ejercicio combinado con terapia de compresión sí pueden mejorar el dolor y la calidad de vida, e incluso lograr reducciones moderadas en las medidas de las extremidades, aunque no resuelven la alteración de fondo del tejido graso (Amato et al., 2024; Lanzi et al., 2025).
¿Cómo saber si podrías tener lipedema?
Si has iniciado un plan bien estructurado, combinando dieta hipocalórica y entrenamiento adaptado a tu objetivo, y tras 6-8 meses de seguirlo de forma muy consistente no obtienes ningún resultado significativo, es posible que estés ante un caso de lipedema.
Es importante hacer hincapié en lo de cumplir de forma muy consistente un plan combinado de dieta hipocalórica con entrenamiento concurrente (fuerza y cardiovascular). Para hacerte una idea más clara, respóndete a estas preguntas:
- ¿Cumples al 100 % la dieta, sin hacer ninguna comida libre o fuera de tu plan de alimentación?
- ¿Realizas tu entrenamiento religiosamente, sin saltarte el ejercicio cardiovascular pautado además del entrenamiento de fuerza?
- ¿Tu ingesta de agua es adecuada y abundante a lo largo del día?
Si has respondido que sí a todas las preguntas anteriores y la mejora no es significativa, es recomendable que consultes con un profesional para valorar tu caso de forma individualizada.
Diagnóstico del lipedema
A día de hoy no existe un protocolo diagnóstico consensuado, por lo que esta patología puede pasar desapercibida al confundirse con obesidad o edema. Principalmente, puede confundirse con problemas circulatorios, con un exceso de grasa o incluso con una simple retención de líquidos. Al no existir un criterio diagnóstico unificado, los datos de prevalencia disponibles son insuficientes y heterogéneos.
El diagnóstico es clínico y diferencial: se realiza mediante un examen físico y visual, sin pruebas específicas, y previamente hay que descartar obesidad, insuficiencia venosa o linfática, o linfedema. Por eso, ante la sospecha de lipedema, lo más adecuado es acudir a un profesional sanitario que pueda valorarte de forma individualizada.
Cómo puede mejorarse el lipedema: un abordaje desde el estilo de vida
El abordaje del lipedema puede llevarse a cabo de diversas formas, y en Raquel Wellness nos centramos en la parte que mejor conocemos: la nutrición, el entrenamiento y los hábitos de vida, tal y como planteamos en nuestra metodología Wellness.
Es precisamente en las personas con lipedema donde cobra especial importancia mantener una composición corporal adecuada, para contrarrestar los efectos indeseados de la patología o incluso evitar su empeoramiento. Cuidar este aspecto es clave para mejorar la calidad de vida y reducir la sintomatología. Un estilo de vida inadecuado —sedentarismo, ejercicio insuficiente, mala alimentación, exceso de peso, estrés elevado o descanso deficiente— actúa como agravante.
Ejercicio físico y actividad diaria
La sintomatología molesta del lipedema mejora de forma muy significativa cuando la paciente mantiene un peso adecuado y realiza ejercicio físico de forma regular, con mejores resultados cuando este se combina con terapia de compresión (Lanzi et al., 2025). Este ejercicio debe adaptarse a cada caso, teniendo en cuenta las necesidades y circunstancias concretas de la persona. También es muy recomendable aumentar la actividad física diaria para mitigar los efectos negativos del sedentarismo: caminar más en el día a día, usar las escaleras en lugar del ascensor o moverse con más frecuencia si el trabajo es sedentario.
Alimentación
A nivel nutricional, el lipedema suele abordarse con un plan de alimentación hipocalórico, con el fin de que la energía necesaria se obtenga en parte del tejido adiposo almacenado. Para ello pueden emplearse distintas estrategias dietéticas, como una pauta más alta en proteína y moderada o baja en hidratos de carbono —de hecho, las dietas bajas en carbohidratos son, hoy por hoy, el enfoque dietético con más respaldo científico específico para el lipedema (Amato et al., 2024; Sørlie et al., 2022)—, siempre ajustada a cada persona, como las que diseñamos en nuestro Plan de Nutrición.
Cuidado del sistema linfático
El edema asociado a esta patología se agrava con la inmovilidad y el sedentarismo, ya que el sistema linfático necesita movimiento para drenar correctamente. Si esta falta de actividad se prolonga en el tiempo, un edema que en principio es funcional podría cronificarse, lo que empeoraría el lipedema. Como no se trata de un edema por retención de líquidos, sino de una alteración del tejido graso, los diuréticos no son una solución eficaz.
Otras opciones terapéuticas
Existen también otras técnicas (como determinadas terapias no quirúrgicas o, en última instancia y solo en casos muy concretos, la cirugía) que un equipo médico especializado puede plantear tras valorar tu caso de forma individual. No entramos aquí en el detalle de estas opciones porque su idoneidad depende por completo de cada persona: lo importante es que sepas que existen y que, si tu caso lo requiere, lo correcto es que un profesional sanitario las valore contigo, nunca decidirlas por tu cuenta.
Si te has sentido identificada con este artículo, lo más importante es que no busques respuestas genéricas: el lipedema necesita una valoración profesional individualizada. En Raquel Wellness podemos acompañarte desde la nutrición y el entrenamiento, en coordinación con el resto de profesionales que tu caso pueda requerir. Si quieres resolver tus dudas, solicita una consulta individualizada o contacta con nosotros: lo que marca la diferencia no es solo el plan inicial, sino el seguimiento cercano a lo largo de todo el proceso.
Fuentes
- Reich-Schupke S, Schmeller W, Brauer WJ, et al. (2017). S1 guidelines: Lipedema. Journal der Deutschen Dermatologischen Gesellschaft. DOI: 10.1111/ddg.13036
- Amato ACM, Amato JLS, Benitti DA. (2024). The Efficacy of Ketogenic Diets (Low Carbohydrate; High Fat) as a Potential Nutritional Intervention for Lipedema: A Systematic Review and Meta-Analysis. Nutrients. DOI: 10.3390/nu16193276
- Sørlie V, De Soysa AK, Hyldmo ÅA, et al. (2022). Effect of a ketogenic diet on pain and quality of life in patients with lipedema: The LIPODIET pilot study. Obesity Science & Practice. DOI: 10.1002/osp4.580
- Lanzi S, Porceddu E, Pousaz A, Jaques C, Mazzolai L. (2025). Exercise training in women with lipedema – A systematic review. VASA. DOI: 10.1024/0301-1526/a001250
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Por Raquel Capel Escoriza
Dietista-nutricionista colegiada y entrenadora personal
@raquelwellness.nutricion
Si crees que puedes tener lipedema o ya lo tienes diagnosticado, el primer paso es una consulta de nutrición presencial en Madrid para valorar tu caso de forma individualizada.